miércoles, 17 de abril de 2013

No quiero tu cielo si no puedo volar



Hay gente que nace para vivir grandes aventuras, a algunos les cae un rayo,algunos nacen con el don de ser grandes bailarines,algunos saben mucho de Shakespeare, otros de coches y algunos nacen para ser padres...yo simplemente fui creado para quererla. Cuando la conocí me advirtió de que no me encariñara en exceso, pues ella nunca había sido capaz de querer. Amaba la autodestrucción, el desorden y ver como se marchitaban las cosas hermosas del Mundo.Era altiva y arrogante como solo una mujer hermosa tiene derecho a serlo.De frente alta, ojos profundos y lengua larga y vivaz.Le encantaba jugar a que estaba triste y fingir que era una hoja más caída de algún árbol en otoño.El día que la conocí estaba sentada en un banco echando un serio al Sol, os juro que nunca he vuelto a ver una chica con tantos colores en una sola piel.Reía bobamente alegre de ver que pequeñas gotas naranjas provenientes del helado que se estaba comiendo huían bailando entre sus dedos.Su pelo negro teñía de noche el día y de vez en cuando soltaba un fuerte resoplido para apartarse el flequillo de los ojos.

-Perdona,¿puedo contarte un secreto?

Eso fue lo primero que me dijo. Pensé que estaba loca o como mínimo que se las daba de celebrity, lo que nunca hubiera pensado es que esas cinco palabras fueran a suponer el fin del Mundo, tal y como lo conocía, para mí.Tome asiento a su lado y a medida que pasaba el tiempo mi despistado y torpe corazón se fue perdiendo en el minúsculo hoyuelo que se le formaba en la mejilla al sonreír, en su manera de morderse distraidamente las uñas, en las mil y una muecas que su rostro era capaz de dibujar, en su carcajada catártica y en como tomaba mi mano y la apretaba con intensidad como una cándida chiquilla que reclama atención.Antes de que finalizara el día me aventuré a besarla y ella me respondió con una de esas sonrisas de mil voltios por las que vale la pena desquiciar una vida .Entonces lo supe, estaba perdido.

-Tampoco debe de ser complicado enamorase de mí,basta con tener mal gusto y un par de enfermedades mentales .

Esas fueron las últimas palabras que me dirigió aquel día.Lo que ella no sabía era que quererla me resultaba del todo natural, casi como respirar, como si en el fondo llevara queriéndola toda la vida, lo que yo no sabía por aquel entonces era que su cuerpo de ninfa encerraba un alma de ramera que palpitaba en reposo en su interior cogiendo fuerzas para después poder maltratar sin piedad a mi confiado corazón.Dos años tardé en darme cuenta de sus mezquinas mentiras y ahora aquí estoy, sentado en el mismo lugar donde la conocí y el Sol me ha traído un recuerdo nuestro y he recordado su sonrisa, el ardor del dolor a fertilizado en mi como una plaga.Y ya no me acuerdo de quién la cagó primero,tanto se parecen el rencor y el odio...Supongo que siempre acabamos echándole la culpa y la responsabilidad al otro.Lo único que tengo seguro es que no la odio,el recuerdo de su tibia piel apretada contra la mía me impide hacerlo.Pero princesa,me duele...No me duelen tus bragas en el suelo del cuarto de otro,me duelen más los ojos del pobre imbécil que no se quedará sin dormir para verte amanecer.

1 comentario:

  1. Me quedo, Smurf, con tus ultimos parrafos y los trato con el plagio ya alguna vez comentado. Alma de ramera y plagada de mentiras, dices que recuerda tu protagonista a su escapado amor. "Tenia todos los vicios, y ningun defecto, aquella mujer". Quiza por ello la amó, quien sabe.
    (Aparte, preferire siempre al imbecil que no véle su sueño -estúpido que no la merece-, que al odioso extraño que solo la quiera ver amanecer, para sentirse el vivo. Y tramposo ganador.

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